Artículo 1
http://www.degerencia.com/articulos.php?artid=383
La Responsabilidad Social, Paga
Autor: Javier Huertas
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“El escritor solo puede interesar a la humanidad cuando en sus obras se interesa por la humanidad” Miguel de Unamuno
En la medida que el ser humano va creciendo, personal, laboral y profesionalmente, va demandando distintos tipos de recursos que en la formación de su persona requiere para satisfacer otras tantas necesidades, que ya Maslow (por nombrar un clásico) clasificó jerárquicamente. Así, una vez resueltos los requerimientos básicos y elementales, comienzan a inquietar los faltantes emocionales, sociales y espirituales. Las empresas como personas sociales siguen la misma evolución y el Mercado como foro en donde concurren [consumidores-personas] y [proveedores-empresas-personas], actúa también en consecuencia.
Esta es una las razones, que surge de un análisis acotado y simplificado, por las cuales en las economías más maduras y avanzadas, se está hablando cada vez más y con más énfasis de la Responsabilidad Social de las empresas.
Stephen Jordan [1] disertando la semana pasada en Uruguay decía: “Las empresas deben darse cuenta que desenvolverse en un entorno económico donde no prima la confianza eleva los costos operativos y está en su propio interés hacer todo lo posible para adoptar prácticas éticas”. Destacó que la gran mayoría de la inversión extranjera directa —entre 85% y 90%— se dirige a países donde existe un clima de confianza. "La poca confianza tiene incidencia sobre la capacidad de hacer negocios. Hay que construir la confianza", subrayó.
Para algunos, que no hayan profundizado demasiado en esta tendencia, esto puede resultar un intento etéreo más, para mejorar la imagen de algunas empresas o de algunos países. De ahí la importancia de que podamos entender en un lenguaje empresarial y cotidiano lo que el título de este artículo pretende ilustrar, que la Responsabilidad Social Paga. Mencionaremos entonces dos tips que nos ayuden a “aterrizar” esta reflexión.
La eficiencia de las organizaciones tomadoras de crédito: Cualquier empresa que arriesga su capital en la realización de un negocio, se auto impone un objetivo de resultados que por un lado devuelva el capital invertido y que además logre una rentabilidad superior a otra alternativa de inversión.
Pero una organización que además de arriesgar su capital, toma crédito del mercado financiero, tiene, además de una responsabilidad para sí misma o sus accionistas, una responsabilidad para con su proveedor de servicios financieros. Cuando la suma de estas responsabilidades trasciende la capacidad de respaldo que tiene el mercado de crédito, se transforma entonces en responsabilidad social. Lamentablemente hay ejemplos en éstas y otras regiones muy cercanos en el tiempo.
La organización que maneje responsablemente su capital y el de terceros, que invierta con certeza y que maneje sus gastos con austeridad, no porque tiene posibilidad de gastar sino porque tiene la necesidad, seguramente tendrá un mayor retorno medido en términos de confianza de parte del mercado. La información que antes quedaba en el escritorio de algún analista de crédito hoy es requerida por el mercado y no se puede ocultar.
El respeto por el trabajo y el esfuerzo de los colaboradores: Vista la empresa como ecuación macro: empresa = capital + trabajo, necesariamente tenemos que ocuparnos del segundo factor.
La empresa responsable manejará adecuadamente su relación con sus empleados, incluidas las prestaciones salariales y compensatorias. La otra, seducida por las posibilidades que un mercado de trabajo recesivo presenta, quizás pueda caer en el error de abusar de la rotación de su personal, de pagar salarios subvaluados en relación a las competencias y de exigir una dedicación más allá de lo que la persona puede dar en términos normales de carga de trabajo.
Esta última debe recordar que su colaborador es también su cliente, que tiene amigos y familiares, que forma parte de la corriente de opinión, en fin, que es parte del mercado que le ha de evaluar socialmente.
De nuevo, no son tan etéreos los beneficios que se pueden lograr de una correcta conciencia empresarial o en términos más amplios de la Responsabilidad Social.
[1] Stephen Jordan vicepresidente y director ejecutivo del Corporate Citizenship de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos. Fuente http://www.elpais.com.uy/03/11/03/pecono_65359.asp |
Artículo 2
http://orla.upf.edu/blog/2008/11/articulo_responsabilidad_socia.html
Responsabilidad Social Corporativa y crisis
Autor: Tanguy Jacopin
El Ibex 35 ha perdido la mitad de su valor en menos de un año; diversas empresas españolas temen la nacionalización de sus filiales en América Latina; la crisis pasa de la esfera financiera a la esfera real con una acumulación de expedientes de regulación de empleo (EREs)... En este contexto, uno puede legítimamente preguntarse para qué sirve la Responsabilidad Social Corporativa (RSC), si ésta se debe fomentar en tiempo de crisis o si, por el contrario, es necesario recortar su presupuesto debido al retorno más a largo plazo que trae consigo.
RSC y creación de valor
Es importante resaltar que la RSC tiene como meta, en primer lugar, la creación de valor tanto desde el punto de visto económico como social y medioambiental. En segundo término, el objetivo es el dominio del riesgo reputacional. En este sentido, sirve para diferenciar la empresa en un entorno donde la creación de valor económico ya no basta para evitar cualquier conflicto.
Por tanto, no puede afirmarse que las empresas pueden dejar de recurrir a la RSC. No puede decirse que las organizaciones deban renunciar a la RSC en tiempo de crisis por un pseudo valor superficial. No. Las empresas que realizan inversiones en RSC van a sacar provecho de esta crisis precisamente por una pérdida de valor menor que la de su competencia, así como una consolidación de su ventaja competitiva.
El flaco compromiso de los bancos de inversión con la RSC
De hecho, es interesante ver cómo los bancos de inversión americanos han dejado de ser entidades independientes (Goldman Sachs, Merril Lynch o Morgan Stanley) o, aún peor, han acabado en quiebra (Lehmann Brothers). El punto en común de estas entidades es que no tenían políticas de RSC, a diferencia de los bancos minoristas. Podrían argumentar que no puede explicarse el colapso de los bancos de inversión únicamente por este factor, y estaré de acuerdo. Sin embargo, la falta de interés y de política específica por la triple cuenta de resultados y las partes interesadas (o stakeholders) -parte de los inversores y accionistas- impidió que el plan de rescate funcionara. Además, los todavía recientes escándalos de Enron, Arthur Andersen, LTCM, Parmalat o Siemens están demasiados próximos para no establecer paralelismos entre todos estos casos.
Bancos minoristas y RSC
La miopía de los dirigentes de estos bancos de inversión es aún más consecuente cuando se contrapone los ejemplos como el Santander y el BBVA, que han forjado su actuación de RSC a favor de la educación en el primer caso, y enfocado a las microfinanzas en el segundo.
Podrían de nuevo objetar que algunos bancos minoristas también han sido afectados por la crisis, y estarían en lo cierto. Ahora hace falta considerar estos casos de forma singular para analizar las causas de sus fallos. La crisis crediticia inicial se debe al fallo de los sistemas de riesgo y a la voluntad de crecer en el mercado hipotecario sin respetar a sus stakeholders y a sus clientes. En efecto, ¿cuánto clientes en el mundo se encuentran hoy en situación de sobreendeudamiento debido a unos créditos que nunca podrán reembolsar?
Si analizamos algunos casos paradigmáticos, veremos que la banca abusó de su posición dominante en el sistema financiero, para protegerse, gracias al moral hazard (riesgo moral). Es interesante resaltar que las quiebras bancarias nunca fueron tan altas como en los años 1990 y que muy pocas voces – dentro de las cuales hace falta resaltar a Haussman del CID de Harvard- denunciaron los límites de la desintermediación financiera.
Primer caso: Las pérdidas de 5.000 millones de euros del comerciante de la Société Générale. Si bien es cierto que los años en los que Kerviel estuvo en la back office antes de pasar al front office le ayudaron a traspasar algunos controles, las numerosas irregularidades detectadas no se pueden entender sin el apetito por el lucro de los dirigentes del banco y de los superiores jerárquicos. Tal como lo comenta el periódico Canard Enchaîné, el jefe “n+1” debía el 50% de su bonos anuales a Kerviel y el jefe “n+2”, el 25%. La falta de ética y de irresponsabilidad social de la cúpula de este banco quedaron de manifiesto.
Segundo caso: Fortis. A pesar de sus malísimos resultados que forzaron su nacionalización, el banco belga distribuyó los bonos a sus equipos directivos, que los aceptaron.
Tercer caso: La renuncia de su bono por parte de Ackerman, presidente del Deutsche Bank, sin quitarse su sueldo anual de 13 millones de euros. La estrategia equivocada del Deutsche -de ser un banco minorista y mayorista en la última década- ha fragilizado una parte del sistema financiero alemán y llevó a que Merkel tomara la decisión de dar como retribución máxima 500.000 euros anuales al consejero delegado de cualquier banco que acudiera al plan de rescate alemán.
Estos tres elementos demuestran que la falta de verdadero compromiso con la RSC es duramente sancionada por los mercados, sobretodo en tiempos de crisis de confianza como la que vivimos ahora.
Sin embargo, la crisis actual puede convertirse en una oportunidad única para demostrar el papel fundamental de la RSC, tanto en el ámbito empresarial como en el social, si se llevan a cabo alianzas innovadoras entre las compañías y sus stakeholders. Claros ejemplos de esta opción: la firma de un acuerdo estratégico entre Iberdrola y una ONG SEO-Bird, la firma de una acuerdo entre una filial de EDF y su comunidad en África, o bien la creación de un consejo multistakeholders por parte de Inditex, entre otros.
Latinoamérica, la crisis y la RSC
Si bien Latinoamérica reaccionó positivamente al inicio de la crisis, parece cada vez más claro que los analistas financieros dan poca probabilidad de éxito al decoupling (fenómeno según el cual las economías de países emergentes podrían crecer mientras que las economías de los países industrializados caen en crisis). En este sentido, las bolsas latinoamericanas y el Latibex han experimentado una fuerte tendencia bajista en las últimas semanas.
Por otro lado, como las iniciativas de RSC en este continente se han llevado sobre todo en las casas matrices de las empresas de los países industrializados, los resultados de la RSC no han sido muy boyantes, excepto en el campo de las microfinanzas y de los microseguros.
En efecto, si las microfinanzas fueron desarrolladas inicialmente en Bangladesh por el premio Nobel Yunus con la Grameen Bank (a partir del principio de los 1970), debe resaltarse que se desarrollaron sobre todo en territorio rural. En cambio, el despegue de las microfinanzas en Latinoamérica se ha llevado a cabo en un contexto, lo que ha permitido la formación de una nueva generación de empresarios, así como una solución a la débil bancarización en estos países.
Por lo tanto, la creatividad de Latinoamérica, en términos de RSC asociada a iniciativas innovadoras llevadas a cabo en las filiales de las grandes empresas de la región, puede permitir que la RSC se convierta en oportunidad de salida a esta crisis.
Artículo 3
http://www.ecodes.org/pages/articulos/articulo.asp?idarticulo=282
Una política pública clara sobre RSE
Autor: Víctor Viñuales y Jesús Llaría
En abril de 2008 nos encontramos con buena parte de las empresas españolas que cotizan en bolsa compitiendo por llegar a ser componentes del nuevo FTSE4Good Index. Se trata de un nuevo índice en la bolsa de Madrid, adaptado de una serie que funciona desde años atrás en la Bolsa de Londres. Este índice exige de sus componentes el cumplimiento de varios estándares sociales y ambientales que van más allá que las actuales normas legales.
Sirva esto como ejemplo de una realidad, la de la responsabilidad social de las empresas (RSE), que forma ya parte del paisaje empresarial. El lanzamiento de este índice no es un hecho aislado, viene precedido por varias historias de éxito. También por numerosas carencias, que cabe atribuir, principalmente, a la ausencia de unas políticas públicas claras sobre RSE.
La recientemente anunciada constitución de un Consejo Estatal de la RSE, multisectorial, y fruto de los foros constituidos desde las instituciones del Estado en los últimos años, se presenta como un lugar clave para la propuesta de políticas públicas dirigidas al fomento de la RSE. En cualquier caso este Consejo no partirá de cero. Existen iniciativas y políticas, en España y en otros países, cuya experiencia debería orientar el trabajo del nuevo Consejo. Examinemos con algunos ejemplos la actual situación.
España es a día de hoy líder en algunos aspectos de la RSE. ASEPAM, la plataforma española para la implantación del Pacto Mundial de Naciones Unidas, hace de nuestro país uno de los más activos y con mayor número y variedad de participantes en el desarrollo de esta iniciativa. En otros lugares se estudian como modelo las prácticas de esta asociación. Por otro lado, en el ámbito financiero, uno de nuestros mayores bancos ha anunciado que todos los fondos de pensiones que gestiona incluirán en sus criterios de inversión cuestiones sobre RSE. También respecto a la transparencia informativa, otro de los pilares de la RSE, España acumula el mayor número de empresas que informan “in accordance” con Global Reporting Initiative, el modelo internacional de referencia.
¿Un paisaje idílico? Hay que hacer notar que los usuarios finales de estas memorias sobre RSE, pese al rigor “in accordance”, denuncian sistemáticamente la mala calidad generalizada de la información que emiten las empresas, pese a las afortunadas excepciones. Igualmente España continúa siendo el país europeo en el que menos inversiones incluyen criterios de RSE, y donde menos crecen año tras año. También una iniciativa de carácter gubernamental, el Punto Nacional de Contacto para las Líneas Directrices de la OCDE (que definen obligaciones para empresas multinacionales en sus operaciones en terceros países), ha permanecido largos años solitario e inactivo. En otros países este punto de contacto tiene un carácter multisectorial, participativo, y contribuye eficazmente al arbitraje en controversias respecto a incumplimientos de las mencionadas obligaciones.
Sirvan estos ejemplos como ilustración no exhaustiva pero representativa de las paradojas de la RSE en España. ¿Qué hacer? Como señalan frecuentemente los expertos internacionales, tanto desde el mundo financiero y empresarial como desde organismos multilaterales, las principales diferencias respecto al éxito de las acciones de RSE en diferentes países se deben principalmente a la influencia de las políticas públicas. No tanto en la formulación de una “ley sobre RSE” como en las modificaciones legales y el impulso gubernamental necesario para impulsar su buena marcha. Existen a nuestro alrededor varios referentes de éxito.
Hace apenas un año que el mencionado Punto de Contacto español comenzó a dar pasos en una nueva dirección, mediante encuentros con diversas organizaciones. Pero su constitución en un genuino organismo de diálogo, difusión y arbitraje sólo será posible con un apoyo ministerial (en este caso del ministerio de Industria) firme, visible, y con asignación de recursos, como ya sucede en Holanda o Alemania.
En el ámbito de los mercados financieros, medidas legislativas de carácter “blando” han conseguido en algunos países multiplicar las inversiones que incorporan consideraciones de RSE, convirtiéndola en un capítulo más de la gestión de riesgos. Destaca el caso del Reino Unido, donde se obliga a los gestores de fondos de inversión y de pensiones a informar acerca de si en la composición de sus carteras son tenidas en cuenta consideraciones éticas, sociales y medioambientales. Una medida similar fue “sugerida” hace ya cinco años en España en forma de proposición no de ley, sin que hasta el momento se hayan dado pasos en esta dirección.
Respecto a la calidad de la información sobre sostenibilidad de las empresas también existe un abanico de posibles políticas públicas. En primer lugar cabe legislar respecto a la obligatoriedad para las empresas (especialmente las empresas cotizadas en bolsa, también las propias administraciones públicas) de facilitar determinada información estandarizada. Pero también cabe prestar atención y apoyar las iniciativas ya existentes; facilitando a las empresas, por ejemplo, su presencia en las redes internacionales de referencia, y apoyando avances como el de la AECA y su adaptación del lenguaje xBRL a la RSE.
El nuevo gobierno debería también contemplar el poder de compra del que disponen las instituciones públicas (15% del PNB) como un motor básico para el desarrollo de la RSE. El Ministerio de Fomento ya ha incluido en sus contratos una serie de cláusulas de carácter social. ¿Por qué no extender esta iniciativa al conjunto de las contrataciones y compras públicas? Un adecuado desarrollo de la Ley 30/2007 de contratos del sector público, que entra en vigor en las próximas semanas, puede contribuir a hacer efectiva esta propuesta.
Las propuestas electorales de casi todos los partidos han incluido iniciativas similares a las aquí expuestas. Esta nueva legislatura debería encontrarse, por lo tanto, sin obstáculos para avanzar en la institución de una política pública firme y sensata en materia de RSE. Desde la sociedad civil continuaremos esforzándonos para que la demanda social de mejores prácticas sea percibida claramente por las empresas. |
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